Suena Lost in paradise, y me pregunto si alguna vez dejé de estar... perdido. Puede que no. Puede que sí. Puede que ninguna de las respuestas sea correcta.
He pasado un par de días en aquella ciudad, y reconozco que me han gustado. No sé si ha sido el sentirme acompañado, el reencontrarme con personas y lugares, o, simplemente, que tenía necesidad de desconectar. Sea como sea, la ansiedad bajó bastante su intensidad, los pensamientos empezaron a ir un poco más lentos y yo me sentí un poco más libre.
Es curioso, ¿no? Hasta hace apenas unos meses, aquella ciudad se había convertido en una jaula, una especie de cárcel, y era aquí, en casa, donde me sentía "libre". Ahora que vuelvo a vivir en casa, la situación se invierte. Puede deberse a que siempre he sentido esa necesidad de escapar del lugar en el que estoy. Más curioso aún es que, cuando estuve en la ciudad por última vez, hará cosa de un mes, la sensación fue bien distinta. Fue pura incomodidad. ¿Qué ha cambiado, pues?
Quizá ambas situaciones - o mejor dicho, sensaciones - no hagan más que comparar el antes y el después de un momento más o menos concreto, de los días nublados que viví hace unas semanas. Pero si hay una verdad sin quizás, es el hecho de que, lo que me afecta, está dentro de mí. Sí, el entorno y las relaciones influyen, pero no tanto como siempre he pensado. Ni mucho menos.
Suena Loveeee Song, y me pregunto si alguna vez volveré a amar. De hecho, me pregunto si, a caso, no amo ya.
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